jueves, 1 de mayo de 2008

Color Rojo.


Pero elevar a un torturado, a un humillado, a un escupido, azotado y condenado, como Cristo, al sitial del héroe - continuó el profesor Azócar- y, más aún, de Dios, era muy poco convincente. La pregunta es cómo se produce esta tremenda mutación valórica. El eslabón lo dio el color rojo que por eso hasta hoy usan los obispos.


- ¿Cómo el color rojo?- preguntó Marilú, extrañadísima.
- Fue la sangre que mojó la arena del circo romano- respondió complacido el profesor Azócar- lo que los convenció.

Éste fue el eslabón: el color rojo de la sangre de los mártires que cayeron devorados por los leones o despedazados por los gladiadores. Los cristianos eran más hombres para morir y eso los hizo más fuertes. La victoria del cristianismo es la victoria de sus mártires en un mundo en que el coraje era el valor superior. El cristianismo venció, convenció, porque desde él se podía mirar la muerte cara a cara sin temor.


Libro: Oír su voz de Arturo Fontaine.
Pags: 257-258.
Editorial Alfaguara.


En eso en que estaba leyendo dicho libro, llegué hasta ese par de páginas antes citadas, quedé marcando ocupado unos minutos antes de comenzar de nuevo a leer. Es que en esas palabras deja en claro la importancia y la raíz de toda nuestra esencia como cristianos, como frutos de mártires, de dolor, de sufrimiento, de mortificación y de entrega final hacia el amor. De ahí que comenzé con mi analogía de ese color rojo, de ese color que tiene sinónimo de pasión, de entrega y de amor. Muchas veces ese coraje de aquellos mártires no solo era producto de una motivación mental o de capacidad física y entrega, sino fue la entrega y pasión de ese Corazón lleno de sangre que fue derramos con causa justa.
Todo nuestro cristianismo tiene su centro de operación en cada corazón de nosotros, ese flujo constante y rítmico que circula como una cascada descendiendo hasta los lugares mas ocultos de nuestro cuerpo, nutriéndonos de coraje y entrega fascinante, para cada día ser un mártir en nuestras vidas.